
La física moderna propone que el tiempo es una ilusión, así lo declaró Albert Einstein. Y como tal no habría un ahora, habrían muchos ahora, porque el tiempo es relativo de acuerdo a quien lo vive. Cada uno de nosotros puede tener una percepción distinta del presente, según dónde y cómo lo estemos viviendo de acuerdo a nuestra experiencia. Podríamos pensar entonces que el tiempo como todo en nuestro mundo es una invención humana, que se crea desde la perspectiva biologicista mediante procesos cognitivos y neuronales. ¿Pero el tiempo se reduce a lo biológico? No, el tiempo es otro producto y efecto del lenguaje, el lenguaje crea lo que llamamos tiempo. A través del lenguaje nombramos el tiempo, así como la palabra amor, la cual altera nuestro tiempo. ¿No les ha pasado que cuando se está triste el tiempo suele pasar más lento, y cuando estamos felices o entretenidos en algo que nos hace feliz pasa mucho más rápido? ¿O cuanto más rápido queremos tener algo más larga se hace la espera? Sucede mucho por ejemplo con los enamorados cuando no se pueden ver. Pues bien, esta es una idea más de la física moderna: mientras más rápido viajemos en el tiempo más lento irá (mientras más rápido queramos alcanzar eso que deseamos, más lento se ve el camino para llegar a su conquista) ¿habrán entonces leyes de la física que se puedan aplicar al psiquismo del hombre? Es una pregunta que queda abierta, porque todavía habría que comprender mucho más del psiquismo y de la física moderna, al punto de que hoy la misma física no puede definir lo qué es el tiempo.
Ahora bien, si el tiempo no se puede definir, si solo es una ilusión, quiere decir que el futuro y el pasado también lo serían. ¿Qué sería el pasado y qué sería el futuro? Estos cuestionamientos me los planteo cuando pacientes aquejan su síntoma desde su presente, pero su raíz está en el «pasado». Es decir, el pasado se aloja en el presente, y si se aloja en el presente ¿no dejaría de ser pasado el pasado y más aún si éste está en el ahora? Si es así, el pasado se podría transformar, sustituyendo el efecto que tiene en el presente, de esta manera dejaría de ser pasado o por lo menos, no habría una fijación en él. ¿Y cómo sería? cambiando la verdad que tiene el paciente de su pasado. Pero antes de llegar a ese punto vamos un poco a reflexiones de lo que uno suele escuchar sobre el presente.
Se dice que desde el presente se construye el futuro, pero este debe dejar a un lado el pasado: «deja eso atrás y mira hacia el futuro» y lo paradójico es que todas las cosas que se construyen en un presente para el futuro son fruto del pasado. Es decir, se requiere de saberes previos (del pasado) para crear algo nuevo. Y el futuro como es algo que no ha sucedido pero que puede suceder se vuelve en probabilidad, muy similar a la entropía (segundo principio de la segunda ley de la termodinámica). Lo que sí hay que referir más allá de las aproximaciones de la física sobre el tiempo y el espacio, es que los humanos creemos en los tres tiempos (pasado, presente, futuro) y esos tiempos aparecen en la consulta clínica con los pacientes, todos mezclados entre sí: un pasado del que se quieren desprender, un presente que duele y un futuro incierto o, sadista porque no se está en él. Estos tiempos también constituyen el funcionamiento de nuestro psiquismo, y nosotros los que intervenimos desde la clínica trabajamos en esos tiempos a partir de las palabras que alteran dichos tiempos. La forma de nosotros intervenir en los enunciados de nuestros pacientes a través de nuestra interpretación clínica, dará como resultado cambiar el efecto del tiempo y el lugar de los pacientes de cómo se ven en él.
Si el tiempo está hecho de palabras y es una ilusión, el sufrimiento humano también lo está.


